Tomar a los padres, el camino hacia el éxito

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Cada uno de nosotros está vinculado profundamente con su familia. Da lo mismo si tenemos relación con nuestra familia de origen, si vivimos cerca o separados por miles de kilómetros, si conocimos a todos los miembros de la familia o no. Existe una conexión con todos ellos que trasciende el plano consciente. Podemos creer que tenemos una relación fantástica con nuestra madre, por ejemplo, y comprobar, en el trabajo con constelaciones familiares, que no la hemos tomado como madre, y que esto tiene unas consecuencias que se observan en los problemas que arrastramos.

Los hijos somos fieles a nuestros padres, a ambos y de igual forma e intensidad. Por fidelidad a nuestros padres repetimos similares destinos y guiones que nos llevan a “cargar” con unos pesos que no nos pertenecen. Los hijos, por amor a nuestros padres, somos capaces de generarnos enfermedades graves bajo la convicción interna de “mejor morir yo que tú”, o “te sigo a la muerte”, si vemos que alguno de nuestros progenitores desea internamente morir. Son casos graves pero que en la realidad existen y están constatados. El impulso de vida y muerte por el que estamos unidos a nuestros padres es esencial y el trabajo terapéutico que realizamos consiste en sacarlo a la luz, para, posteriormente, poder tomar conciencia de esa fidelidad que no ayuda a nadie y transformarla en un movimiento sanador hacia la vida. Vivir una vida mas feliz que la que nuestros padres vivieron, en principio, parece algo deseable y fácil de logar, pero la experiencia a través de tantos casos nos muestra que, si cambiamos nuestro destino (si venimos de una familia anclada en la pobreza y el sacrificio, por ejemplo) y vivimos en la prosperidad y la abundancia, sentimos, en el fondo de nuestros corazones, que estamos traicionando a nuestros padres y al legado familiar y esto, no es algo fácil de lograr, en absoluto.

Pongamos un ejemplo de un caso real. Pedro, no consigue ser feliz en las relaciones amorosas. Con todas sus parejas por una cosa u otra, acaba mal. Preguntamos a Pedro acerca de la relación de pareja de sus padres. Cuando nos cuenta cómo él lo vivió, vemos que siente pena por el padre, el cual siempre fue infeliz con sus parejas. Cuando constelamos a él y al padre, se observó cómo había una identificación clara, donde el hijo miraba al padre y se sentía abocado a llevar el mismo destino que él. Para lograr la desidentificación, usamos una frase sanadora que saque a la luz lo que está pasando: “yo, he decidido ser infeliz con mis parejas, me comporto como tú…por amor a ti”. En ese momento Pedro comienza a llorar y el padre también. Se da un momento sanador para el alma, ya que hay un darse cuenta de que, por amor, los hijos somos capaces de todo. El amor fluye entre padre e hijo y es momento en el que pedimos al representante de Pedro que diga: “Papá, te honro a ti y a tu destino y lo dejo marchar. Yo sólo soy tu hijo. Por favor, mírame con buenos ojos si tengo una relación de pareja donde soy amado y me siento feliz”. Vemos en ese momento cómo el representante del padre, emocionado, asiente y se llega a una imagen donde ambos, padre e hijo, están cada uno en su sitio, cada uno con su destino, y el hijo, se siente libre para elegir su propio camino. Se da cuenta de que el padre no necesita que repita su desgracia. El mejor regalo para los padres es que los hijos consigan una vida plena.

Tomar al padre y a la madre, como vemos, es algo que conscientemente parece sencillo, pero que en el trabajo terapéutico vemos que lleva un tiempo, un proceso mediante el cual, nuestra parte de “niños” deja de lado su posición egoísta de “lo que no me dieron” para poco a poco, transformarse en agradecimiento por lo que sí fue, lo que sí me dieron. Asentir a lo que fue, es el primer paso para reconciliarnos, para sanarnos. Todos los padres creemos que lo hacemos lo mejor posible, que damos a nuestros hijos todo lo que tenemos. Pero eso nunca es suficiente. Nunca cumpliremos del todo con sus expectativas y necesidades. LOS PADRES NO SOMOS PERFECTOS. Sin querer, creamos en nuestros hijos heridas, necesidades no cubiertas, traumas…damos lo que somos y ellos reciben lo que hay y en la mayor parte de las ocasiones, los hijos nos colocamos en una posición prepotente y de superioridad, pensando que lo podrían haber hecho mejor, que podría haber sido distinto, que nos podrían haber dado mas. Tomar a los padres tal y como fueron, tal y como son, es el GRAN ACTO DE HUMILDAD y supone mirar hacia la vida. Sólo a través del agradecimiento por lo que me dieron, por las experiencias buenas pero también por las malas, podemos tomar de verdad la vida, con humildad, abriendo los brazos hacia algo más grande que nosotros y poniéndonos al servicio de esa corriente tan poderosa, que es la vida. De esta manera, podremos dejar atrás las heridas del pasado, para poder mirar hacia adelante y poder decir con el corazón esta frase, que creo que resume el cometido de este artículo: “Papá, Mamá, gracias por la vida que me viene de vosotros. Tomo todo lo que me llega de vosotros, y con todo ello, tendré una buena vida en vuestro honor y para orgullo vuestro”.

 

Mariam Mascías- Emerge psicólogos

 

 

 

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