Ansiedad, ¿Cómo combatirla?

Relación médico-paciente en oncopatología mamaria: aspectos psicosociales.
27 noviembre, 2017
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Sin duda la ansiedad es uno de los síntomas mas comunes que nos encontramos en consulta. ¿Quién no ha padecido al menos un episodio de ansiedad en su vida?. Para poder combatirla es fundamental conocer muy bien qué es, cómo funciona y para qué. El para qué, diría yo, es quizás lo más relevante, ya que todo síntoma que experimenta el cuerpo es, en realidad una señal clara de que ha llegado el momento de producir un cambio en cómo interpretamos y vivimos aquello que nos pasa.

¿Qué es la ansiedad?, ¿Cómo funciona?

La ansiedad no es más que un mecanismo adaptativo que utiliza nuestro organismo para enfrentarse a un estímulo. Es una respuesta fisiológica que tiene una función importantísima en la supervivencia. Pensemos que no sólo tenemos una corteza cerebral que es con la que más estamos conectados. La mente pensante. Esta corteza cerebral es relativamente joven. En realidad tenemos otro cerebro, mucho más primitivo, que es el cerebro animal. Para nuestros antepasados, este cerebro animal era fundamental. Pongamos un ejemplo; Imaginemos a nuestros ancestros en el Paleolítico, pensemos en los peligros a los que tenían que enfrentarse para sobrevivir en un entorno tan hostil. Cuando aparecía un peligro, el cerebro animal, se ponía en funcionamiento para prepararse para el ataque o la huida. A nivel químico, esta alerta permitía que el organismo segregara una serie de sustancias como la adrenalina para preparar a los músculos para actuar. El corazón bombea con más fuerza, la respiración se acelera y todo nuestro ser conecta con la idea más arcaica, La supervivencia.

Este mecanismo de alerta que ha sido vital para que estemos hoy aquí, pues es la base de la supervivencia, es lo que produce la ansiedad. Ahora, nuestra vida ha cambiado mucho, pero nuestro cerebro primitivo sigue ahí, interpretando las señales y actuando en consecuencia.

¿Cómo se desencadena el proceso de ansiedad en la actualidad?

Para empezar, vivimos en un momento donde la prioridad está puesta en el hacer. Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos parece que no tenemos un momento en el que parar y dejar que nuestro cuerpo y mente se relajen, conecten con lo verdaderamente importante. La ansiedad aquí, tiene un caldo de cultivo, ya que nuestro organismo de por sí, va acelerado. En este escenario, cualquier estímulo puede desencadenar el proceso de ansiedad sin que sea realmente una amenaza. Lo malo es que nuestro cerebro, sí que lo interpreta como tal. Por ejemplo, llevamos una época muy estresados en el trabajo, con mucha exigencia exterior pero sobre todo, interior. Tenemos un encontronazo con un compañero, en principio, sin que tenga mayor importancia. A partir de ahí, un día inesperadamente, cuando cogemos el coche para ir al trabajo y nos vamos aproximando al edificio donde trabajamos, empezamos a notar unos síntomas muy desagradables: sudoración, taquicardia, dificultad para respirar, nauseas, mareos… podemos pensar que nos está dando un ataque al corazón, nuestra mente empieza a decirnos que estamos frente a un peligro de muerte. De hecho, cuando se experimenta ansiedad, en muchos casos, la sensación es de que voy a morir. Vamos al hospital y nos dicen que no nos pasa nada físico, que es ansiedad. Nos suelen recetar un relajante pero esto acaba de empezar y las pastillas mejoran la situación inicialmente pero no solucionan el problema.

¿Cómo combatirla?

La herramienta mas poderosa que tenemos para mantener la ansiedad a raya es nuestra mente. Los síntomas de la ansiedad se desencadenan por un estímulo que puede ser ambiental (ver el edificio del trabajo, en nuestro ejemplo), corporal (empezar a notar palpitaciones) o mental (pensar acerca de lo que nos causa angustia). Cuando comienza el síntoma, nuestra mente se dispara, comenzamos a asustarnos, nos decimos cosas tales como; “esto no va a acabar nunca”, “no puedo soportarlo”, “así no puedo seguir” etc. Estos pensamientos y la autoobservación, generan aún más ansiedad, formándose un círculo vicioso que empeora la situación.

Lo primero que tenemos que hacer es consultar al especialista, el psicólogo. En consulta, evaluaremos el desencadenante del proceso de ansiedad, buscaremos las causas y desgranaremos todas las imágenes mentales que se han asociado a la ansiedad. A partir de ahí, iremos trabajando para tomar conciencia de cómo empieza el proceso, conocer lo que nos pasa es el primer paso para empezar a cambiar. Trabajaremos el opuesto a la ansiedad, que es la relajación. Lógicamente en una situación de miedo no puedo estar relajado, pero para eso está el entrenamiento, para poder lograr el conectar mente y cuerpo a un estado de calma que me permita interpretar la realidad de una manera mas adecuada y ajustada. Decirme frases tales como; “igual que empieza, acaba”, “ya se lo que me está pasando, es desagradable pero pasa, voy a centrarme en respirar”, “puedo tranquilizarme, estoy a salvo”, me ayudarán a pasar el trago y harán que la ansiedad vaya bajando de intensidad.

Mientras experimentamos la ansiedad parece que nunca nos vamos a curar, pero no es verdad. Ésta se combate con la aceptación y el trabajo. Tenemos que ser constantes y empezar a desarrollar, una vez que la situación ya ha pasado de la fase aguda, una nueva forma de vida y de tomarnos las cosas que nos pasan. La mayor parte de estos trastornos descansa en una manera de estar en el mundo siempre con la sensación de que tenemos que defendernos a cada paso, de que el mundo está lleno de peligros que nos acechan, que no podemos relajarnos. El trabajo de confiar en la vida y en que nos enfrentaremos de la mejor manera que sepamos a los problemas que vayan surgiendo, es una forma de vivir en el presente y dejar de ocuparnos de lo que fue y de lo que vendrá. El aquí y el ahora, el arte de ocuparnos sólo de lo que hay en este momento, es la clave para desarrollar una forma de vida que me mantenga en la armonía y esto, hace que nuestro sistema de alarma pueda formar parte de nosotros, pero en su estado sano.

Mariam Mascías  Emerge Psicólogos

 

 

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